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  • Foto del escritorGiuliana Vomero

Pasto Marino: más que una planta, una especie para conectar con el océano.

El 22 de Abril se celebra el día de la Tierra, una instancia para reflexionar y actuar sobre nuestra relación con los ecosistemas que nos rodean. Hay un libro que me gusta mucho ir re-leyendo en estos días temáticos y se llama “All We Can Save” – en español: Todo Lo Que Podemos Salvar. En el se tratan diferentes acciones y temas sobre la adaptación y mitigación al cambio climático. Sin embargo, hay algo de este título que siempre me cuestiono: ¿Qué es lo que estamos salvando? ¿Cómo puedo salvar un ecosistema que ni siquiera sé cómo es, o no lo siento tan cercano para entablar un sentido de pertenencia?


Pensando en posibles respuesta siempre me acuerdo de una experiencia que tuve hace ya un tiempo. Cuando estaba en la universidad estudiando Biología Marina sentía una conexión con el océano especial que me permitía entender su rol y por qué es tan importante para nuestro planeta. Esta conexión me permitía entender con mayor sentido el rol de diferentes especies como los corales, los invertebrados marinos que vemos en las costa, o incluso los humedales. Sin embargo los cursos de botánica marina eran los que más me costaron académicamente, y en los que más me aburría (para ser honesta). Con las algas y el pasto marino nunca fuimos buenos “amigos”, me faltaba esa conexión.


De seguro se estarán preguntando: ¿pasto marino? ¿está bien eso?. Sí, leíste bien. “Pasto marino” se le llama comúnmente a un grupo de plantas (aproximadamente 70 especies) que florecen y lograron adaptarse al medio marino, es decir crecen y se reproducen en él. Son plantas que provienen de diferentes familias pero que tienen algunas características en común:

  1. La capacidad de sobrevivir en altas concentraciones de sal.

  2. Crecer sumergidas en el agua.

  3. Presentar raíces que le permiten adherirse al sedimento o suelo marino.

  4. Presentar un mecanismo de polinización especial que le permite reproducirse en el medio marino (Hartog y Kuo, 2007).


Diferentes especies de plantas componen al grupo comúnmente denominado “pasto marino”. Las hay aquellas que tienen un cuerpo grande, o las que son más pequeñas. Algunas especies son: Thalassia testudinum, Syringodium filiforme, Ruppia marítima, Halophila engelmannii.


Estas plantas se disponen en aguas poco profundas (hasta 3 metros), recordemos que necesitan de la luz solar para realizar fotosíntesis, mecanismo que les permite obtener energía para vivir. Además se disponen en grandes densidades, conformando verdaderas praderas, que se pueden ver incluso desde el espacio. Como la forma de la planta es muy parecida a la del pasto terrestre, su nombre común es “pasto marino” o “seagrass”. En inglés estos grandes parches de pasto marino se los conoce como “seagrass beds / meadows”. Geográficamente, se disponen en las zonas tropicales del planeta, bordeando la costa de los continentes o islas. También se han descrito en la zona norte de Chile continental, y en 1935 hay un registro de una especie de pasto marino Zostera en la costa Uruguaya.


Cuando se mencionaba a este grupo, nunca me los imaginaba tan cautivador o cuál era el verdadero impacto de su rol. Sinceramente, no podía entender la “gracia” de la planta. Y me imagino que a muchos le debe pasar lo mismo. Hasta que una experiencia lo cambió todo…


Hace unos años, tuve la oportunidad de realizar snorkel sobre un pequeño parche de esta pradera y fue allí cuando descubrí el verdadero valor y biodiversidad que esconde este ecosistema. Cuando me zambullí, lo único que veía era sedimento, arena. Seguí nadando hacia el horizonte y fue allí cuando de repente apareció un paraíso de color verde y pastos danzantes. Eran ejemplares de la especie con nombre común Hierba de Tortuga (Thalassia testudinum), sus hojas eran largas y se disponían en posición vertical hacia la superficie. A su alrededor tenían burbujas y algunas algas creciendo sobre ellas. A medida que iba nadando se movían a un ritmo "zig-zag", despació y relajante.


Me iba adentrando en este colchón verde y comenzaba a ver pequeños y medianos peces. Algunos se quedaban a mi lado, otros más escurridizos se volvían a camuflar en la pradera o se iban nadando a través de la columna de agua. El patrón de colores variaba entre verde, marrones claros, amarillos, blancos y negros. Sin lugar a dudas, cada vez sentía más y más curiosidad por la pradera que tenía a mis pies. Cada vez que estoy bajo el agua, mi cerebro empieza a recordar todo el conocimiento y a “unir puntos” entre lo que estoy experimentando y la teoría. Trataba de seguir los diferentes cardúmenes, o identificar más animales entre los pastos.


Es que estas praderas tienen un rol muy importante como zona de crianza para diversas especies. Allí crustáceos (como camarones), moluscos, peces, tiburones, caballitos de mar, entre otros encuentran en estas plantas un refugio para que los juveniles se puedan desarrollar. También existen otros animales marinos como anémonas, esponjas, poliquetos que habitan entre el foliaje de estas plantas. Al presentar una alta diversidad de especies, animales más grandes aprovechan este espacio para alimentarse, como los tiburones. Para las especies de animales herbívoros, las praderas de pasto marino son áreas de forraje muy importante para su conservación. Las tortugas marinas y manatíes son algunos de los animales que viajan kilómetros para alimentarse de estas especies. Si bien en mi experiencia solo pude ver diferentes especies de peces, siempre estaba la esperanza de poder encontrarme con una tortuga verde por allí.


Tortuga verde (Chelonia mydas) alimentándose de pasto marino en el caribe mexicano.

Foto: Gianina Vergara.


Como mencionaba anteriormente, el pasto marino realiza fotosíntesis, el proceso químico que transforma dióxido de carbono en biomasa y oxígeno. Por lo tanto, estas praderas son verdaderos “pulmones” para las zonas costeras. Se estima que un metro cuadrado de pasto marino puede generar 10 litros de oxígeno gaseoso. Además, como capturan dióxido de carbono de la columna de agua y lo transforman en biomasa (es decir, ese carbono se transforma en hojas y raíces), juegan un rol fundamental en la mitigación del cambio climático, formando parte de lo que actualmente se llama Carbono Azul. Aquel carbono que el océano se encarga de secuestrar y no liberar a la atmósfera. Un artículo publicado por los museos Smithsonian sostiene que 1 metro cuadrado de pradera puede secuestrar 84 gramos de carbono por año, lo que equivale a lo que emite un auto a combustión si se traslada 6,12 Km – ¿si serán importantes no?. Y como si fuera poco, el sistema de raíces que estas praderas tienen mantienen fijo el sustrato que se encuentra debajo de ellas. También permiten frenar la fuerzas de las corrientes y su llegada a la costa, funcionan como verdaderas barreras naturales para la protección costera.


También es interesante conocer el rol que tiene este ecosistema para el ser humano. Al ser un área de reproducción y con una gran biodiversidad de animales, las comunidades de pescadores artesanales en países tropicales utilizan este ecosistema como fuente para su actividad económica principal: la pesca. Un estudio hecho en África describió que los pescadores prefieren pescar en las praderas de pasto marino porque es más cerca de la costa y obtienen una mejor ganancia con los recursos marinos que allí obtienen (de la Torre-Castro et al., 2014).


Sin lugar a dudas, hacer snorkel sobre este ecosistema me permitió entablar una conexión que antes no había logrado. Después de salir del agua, al llegar al hotel, comencé a profundizar sobre las diferentes especies que allí habitan (para saber qué peces había visto), conocer más sobre su biología, los impactos negativos que sobre las praderas marinas se están dando y quienes están trabajando para reconstruirlas. Con mi propia experiencia entendí el primer paso para entablar un sentido de pertenencia: vivir los diferentes ecosistemas. Si los propios profesionales del área necesitamos de estas experiencias para re-encontrar nuestro próposito....¡imaginense el impacto que puede tener en alguien que no lo conoce tan de cerca!.


Este mes de la Tierra, o en tus próximas vacaciones, te invito a explorar diferentes ecosistemas marinos (una playa, un bosque de macro algas, humedal o si tenes la oportunidad la pradera de pastos marinos, manglares o arrecifes de coral). Pero te propongo ir más allá del ser turista o la linda foto buceando. Podes buscar información, conocer historias positivas sobre aquellos que están trabajando en estos ecosistemas, incluso si te interesa, involucrarte como voluntario. Vivir y compartir experiencias que nos permitan dimensionar qué estamos salvando es esencial para seguir conservando y aumentar nuestra cultura océanica. Así como escribía Rachel Carson en Primaversa Silenciosa, “Si uno se acerca, la mirada se agranda de tal manera que, por la pequeña ventana que miramos anteriormente, se puede ver el universo”.


¡Feliz mes de la Tierra!


Pd: Te invito a seguir buceando a través de documentales o videos sobre la praderas de pasto marinos..






Para escribir este artículo se revisó la siguiente bibliografía:


Hartog, C.d., Kuo, J. (2007). Taxonomy and Biogeography of Seagrasses. In: SEAGRASSES: BIOLOGY, ECOLOGYAND CONSERVATION. Springer, Dordrecht. https://doi.org/10.1007/978-1-4020-2983-7_1


de la Torre-Castro,M., Di Carlo, G., Jiddawi, N.S. (2014). Seagrass importance for a small-scale fishery in the tropics: The need for seascape management. Marine Pollution Bulletin, 83 (2): 398-407. https://doi.org/10.1016/j.marpolbul.2014.03.034.


Smithsonian Museums - Seagrass and Seagrass Beds - https://ocean.si.edu/ocean-life/plants-algae/seagrass-and-seagrass-beds


Dewsbury, B.M., Bhat, M., Fourqurean, J W. (2016). A review of seagrass economic valuations: Gaps and progress in valuation approaches. Ecosystem Services, 18: 68-77, https://doi.org/10.1016/j.ecoser.2016.02.010.



Den Hartog, C., Phillips, R.C. (2012) Common Structures and Properties os Seagrass Beds Fringing the Coasts of the World en Ecological Comparisons of Sedimentary Shores Volume 151. Springer Science & Business Media, New York.








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